jueves, 18 de mayo de 2017

"A enemigo que huye, puente de plata"

     Soy de los que digo en cada momento lo que pienso, sobre todo, cuando estoy entre amigos. Algunas veces hasta se acepta bien. Lo defiendo con fuerza, vehemencia y corriendo el riesgo de estar equivocado, pero siempre con fundamento.
Ahora bien, también confieso que discutir es un arte que no tengo y que la asertividad no es mi fuerte. Y es por esto que me enemisté con Alfonso, con el que no he vuelto a hablar desde aquel día en que, comentando sobre nuestros muchachos, le dije que su Paquito era un zoquete, que todos sus otros hijos serían eminencias pero Paquito, era eso, un zoquete.
Alfonso me empezó a recriminar que quién era yo para juzgarle, gritando y casi fuera de sí. Fue entonces cuando le dije que, además, él era un bravucón.
Me soltó tal clase de improperios que nos fuimos cada uno para su casa sin arreglarlo.

     Como para mi las discusiones son: exponer puntos de vista, contrastar, debatir sin separar y, menos aún, sin poner puntos finales en las relaciones, al cabo de un tiempo creí que habíamos llegado a tal punto de no entendimiento que pensé que le debía disculpas por si en algo me hubiera excedido, así que le escribí una carta que personalmente le eché en el buzón de su casa una mañana cuando salí a comprar pan.
 

     Su respuesta fue el silencio. No solo no contestó mi misiva sino que cuando nos encontrábamos en el bar a la hora de la partida hacía la vista gorda. Yo le pagaba algún día el café pero él jamás me lo agradecía. Su silencio me dolía y pensaba que de nada habían servido mil conversaciones anteriores, ni siquiera ese gesto amable del café que estaba teniendo con él.
 

     Como decía mi primo Anselmo, el del pueblo, "no habiendo muertos de por medio" nada es tan grave como para no aceptar disculpas de alguien que tiene el generoso gesto de solicitarlas. No le estaba pidiendo la hora ni que me prestara un libro, le pedía disculpas por decir lo que pensaba de su hijo y, con ello, le mostraba mi voluntad de solucionar nuestro "encontronazo".
Me humillaba tanto su actitud que, finalmente, le tendí un puente de plata hacia el olvido en mi memoria.
 

     Si es que ya me pasó antes con Andrés, al que le dije que su chico era más torpe que un borrico...


*Con este relato participé (sin éxito) en la Comunidad "Escribiendo que es gerundio"
en la sección "Los refranes de tu vida".


 

jueves, 11 de mayo de 2017

Silencios

A raíz de cosas que me suceden en la vida me ha dado por pensar en las clases de silencios. Al recogerlos y clasificarlos mentalmente, compruebo que todos y cada uno de ellos tienen su valor. 
Aquí os dejo unos cuantos:
-Silencio que me sobrecoge: cuando me quedo sin palabras tras saber que le sucede (o ha sucedido) algo grave a alguien conocido y querido, sea real o virtual.
-Silencio que me acoge: cuando estoy deseando llegar a mi casa y cruzo, por fin, el umbral de la puerta. Me siento ya a salvo de todo.
-Silencio que me incomoda: cuando me encuentro a "ese" vecino que me increpó en una reunión.
-Silencio que me enerva: cuando me someto a algún tipo de prueba o examen, o espero nerviosa su resultado. 
-Silencio que me abriga: cuando entro en una iglesia vacía y, paradójicamente, fría.
-Silencio que me habla: cuando me abrazan o acarician sin hablar. 
-Silencio que me duele: cuando pido sinceras disculpas tras una discusión y no obtengo ni un "sí", ni un "no".
-Silencio que me intriga: cuando recibo alguna llamada telefónica y nadie me responde al otro lado (¿hace falta que reitere aquí que soy curiosa?).
-Silencio que me evade: cuando en verano me sumerjo debajo del agua en la piscina (éste es uno de mis silencios favoritos).
-Silencio que me desvela: cuando me despierto de madrugada y me pongo a pensar y a escuchar el silencio.

jueves, 4 de mayo de 2017

Algo (más) sobre mi madre


Dado que este domingo es el Día de la Madre, os contaré más cosas sobre mi madre (de la que ya hablé con ocasión de este día en este post y en este otro). 
Tenía 22 años cuando nací yo y, como ya he dicho alguna vez (podéis verlo en esta entrada), mi hermana Isabel llegó exactamente 11 meses después. 
A la pobre criatura la consideré una "roba-mamás" porque yo estaba loquita por la mía nuestra.

Aprendió a cocinarle a mi padre con una sola mano porque con el otro brazo me sostenía a mí, hasta que un día, haciendo una tortilla, me salpicó el aceite y nunca más quise acercarme con ella a la cocina. 

Con mi padre (al que adoro) yo no quería ir nunca porque recuerdo que me asustaba el hecho de que me moviera uno de sus pies enfundado en un calcetín negro tratando de jugar conmigo. Era mi hermana la que siempre estaba con él, al igual que con mis tías y abuela que vivían abajo, ¡qué otro remedio tenía la pobre si yo no me separaba de mi madre! (se puede ver hasta en las fotos, yo soy la que está cogida de su mano y la que le coge por el hombro).

En casa siempre me recuerdan que un día me dejó con ellas, tías y abuela, para poder acercarse a una tienda que estaba muy próxima a comprarse concretamente unas medias y que, al volver, desde la misma esquina, vio a todas en la calle haciéndole aspavientos y gestos para que corriera, como si se estuviera quemando la casa, y a mí llorar como si se acabara el mundo. Por lo que dicen, yo creía que mi mamá no iba a volver (por lo que cuentan escuché aquello de que se "escapaba" un momento).

A mi h
ermana le cantaba esta canción de Antonio Machín: "Isabel, eres la flor más perfumada que hay sembrada en el jardín de mis amores" y como Machín no cantaba ninguna con mi nombre, se inventó que escribió para mí esa suya que dice: "Mira que eres linda, qué preciosa eres.Verdad que en mi vida no he visto muñeca más linda que tú ".

Precisamente, tanto mi hermana como yo éramos mucho de jugar con muñecas, pero cuando teníamos alguna riña (porque ella tenía la singular costumbre de cortar el pelo a las mías) me decía una cosa terrible para mí, siendo niña como era: "tienes la nariz aguileeeña". Y me cogía cada berrinche...Supongo que de aquellos barros vienen estos lodos.
Un buen día mi madre acabó con estas trifulcas preguntándome: "¿A ti te gusta la nariz de mamá?" y, al decirle yo que sí (¡cómo no!), añadió: "Pues tú la tienes igualita"
Nunca más lloré (por eso en concreto, quiero decir). Y que conste que no tengo la nariz 'aguileña', pero tampoco tan bonita como la de mi madre, las cosas como son.

Cuando me independicé vino conmigo a todas partes, con una paciencia infinita, ayudándome en la tarea de amueblar el piso en el que vivo y, hoy en día, es la persona cuya compañía más me agrada, tanto para ir de compras, como para tomarme un café con una pasta.

Porq
ue si hay alguna persona hecha de buena pasta, ésa es mi madre, la que cocinaba conmigo en brazos, la que me dijo que mi nariz de niña era como la suya y la que se inventó que Machín escribió una canción solo para mí.


 

miércoles, 19 de abril de 2017

"La suma de los días" de Isabel Allende




"La suma de los días, penas y alegrías compartidas, ya eran nuestro destino".

Con esta frase, que engloba el título de la novela, acaba Isabel Allende una historia sobre su vida y la de su particular familia en California.

En ella se abre 'en canal' como:
-Madre de Paula, fallecida de la enfermedad porfiria a los 28 años de edad y cuyas cenizas se encuentran en un bosque de secuoyas, y que todos llaman "El bosque de Paula" porque creen que su espíritu permanece allí.
Isabel habla
con desgarro de una negligencia médica y de un corte de electricidad que afectó a la máquina de oxígeno de Paula, confesando que lo último que le dijo antes de caer en coma fue que andaba buscando a Dios y no lo encontraba.
Ella rogó morir en vez de Paula, hasta el punto de enfermar, pero entendió que morir es muy difícil y, tiempo después de su partida, aún supone que el dolor acumulado durante el largo año de su agonía, está "agazapado en la casa". La tristeza nunca se va del todo, "se queda bajo la piel", dice.

-Madre de Nico, su tímido varón con el que mantiene una estrecha complicidad, no exenta de altos y bajos por intentar conservar amistad con su primera mujer, Celia. No sabían manejar la situación hasta que, un buen día, mediante el diálogo, consiguieron superarlo. Con ambos, Paula y Nico, salió de Chile durante la dictadura militar en la década de los setenta.

-Abuela de un montón de nietos, afirmando que cada día que pasaba sin verlos "era un día fúnebre". 

-Esposa de Willie Gordon con quien está casada en segundas nupcias. Dice que este abogado le transmite seguridad, tranquilidad y ternura, que percibe su presencia como el aire que se siente, que con él alcanzó el estado de 'perfecta invisibilidad' que da la convivencia y con quien anduvo -en palabras suyas- "un camino largo y abrupto, tropezando, cayendo, volviendo a levantarse juntos, pero sin traicionarse jamás". Afirma querererle, día a día, sin cuestionar qué clase de amor es ni cómo concluirá porque hasta en las peleas que han tenido le trató con nobleza. 
Él, por su parte, dice que ella era su alma, que la había esperado y buscado durante los primeros cincuenta años de su vida.

-Amiga de Tabra y Pía. La primera lo fue desde el momento de llegar a California; con la segunda considera que tiene una amistad "de la claridad del diamante".

-Suegra de Ernesto, el que fuera marido de su hija, con el que sigue manteniendo un exquisito trato, así como con su nueva esposa, Giulia, que tuvo la inteligencia de "adoptar" a Paula como amiga en vez de competir con su recuerdo.

-Suegra de Lori, segunda mujer de su hijo Nico, por la que siente verdadera adoración, pues tras intentar Lori infructuosamente tener hijos, decide arrancarse de raíz la ansiedad de ser madre para poder seguir viviendo con su marido, ejerciendo de madre 'postiza' (como ella dice) de los hijos de él. 

-También aparece Isabel como la hija que está pendiente de su madre y de su pareja, el tío Ramón (ambos viviendo los descuentos, en palabras suyas). Cuenta que escribía a su madre cartas a mano en los aviones  para contarle sus aventuras si bien, al leer las cartas una década más tarde, parece como si todo le hubiera ocurrido a otra persona.

En definitiva, Isabel Allende se nos revela como la consagrada escritora que es, contando alguno de sus rituales a la hora de escribir un libro y calificando esta aventura de "grave, tanto como enamorarse, un impulso alocado que exige dedicación fanática". 

Como he empezado diciendo, se abre en canal de la misma forma en que abierta está su casa a todas esas personas y a algunas más, a las que describe en el libro situándolas en el contexto y momento oportunos, y narrando divertidas anécdotas y confidencias que les conciernen.

Yo no he leído "Paula" ni "La Casa de los Espíritus", pero se trata de la familia de la que ya habló en estos libros y ello no ha sido impedimento para que disfrutara de esta lectura.


A medida que avanza la novela vamos descubriendo a la autora como una mujer independiente, imaginativa, dominante, valiente, generosa, exigente consigo misma (llega a decir que a su lado "siempre hay un invisible e implacable capataz, látigo en mano, criticándola y dándole órdenes"), preocupada por todos dado su miedo a perderlos tras lo sucedido con Paula. 

Mujer dotada de un afán de protección extraordinario y un inconmensurable deseo de mantenerlos unidos, incluso a aquéllos que ya tienen sus vidas rehechas.

Todos forman lo que ella llama, su “tribu”: personas allegadas con ideologías y costumbres distintas, entre los cuales aparecen situaciones variopintas (homosexualidad, drogadicción, infidelidad y divorcios), y en la que todos ocupan su lugar, siendo ella la "matriarca". 

En esta novela, que se podría considerar más bien una larga carta relatada en segunda persona, le va contando a su hija Paula, lo que les ha ido sucediendo a todos y cada uno de ellos desde que ella murió. 
Como ella misma dice "sigue arando el suelo duro de los recuerdos para escribir esta memoria", pero también sabe hacer gala de un ocurrente sentido del humor, sobre todo respecto a ella misma
A propósito de ello, cuenta como Paula se reía de ella porque las mujeres bonitas de sus libros morían siempre antes de la página sesenta, y su hija le decía que era por pura envidia, a lo que ella le daba la razón pues cree que las mujeres demasiado bellas tienen la "ruta pavimentada por el deseo de los hombres". 

Afirma haber mandado el manuscrito a quienes aparecen mencionados por si querían revisar lo escrito, y todos (excepto una o dos personas) dieron su visto bueno.


Uno de los pasajes que más me gustó es aquel en el que cuenta cómo fue seleccionada para representar a América Latina en los Juegos Olímpicos de Invierno del 2006, lo que le permitió trabar relación con personajes de la talla de Sofía Loren, de la que me llamó la atención un secreto que tiene y que rememora en el libro: mantener una buena postura y "no hacer ruídos de vieja", entre otros: "nada de quejarse, gruñir, toser, resoplar, hablar sola...".  
También me resultó interesante la alusión que hace a una mujer que conoció, Wangari Maathai, que trabaja con otras mujeres en aldeas africanas y que ha plantado más de treinta millones de árboles, ¡treinta millones! se dice pronto...

Frases como:
-"Dar hasta que duela",
-"La urgencia es inseparable del amor",
-"No hacer daño jamás y hacer el bien cuando se pueda",
-"Los demás tienen más miedo que tú" (-que se repite cuando se enfrenta a algún asunto que le parece temible-),
-"Todas las vidas pueden contarse como una novela",
son para mí suficiente aval con el que comprobar el talante de Isabel Allende, para quien todo es personal, pues se confiesa responsable de los sentimientos ajenos. 

Cree que, a veces, es mas difícil mostrar afecto que rencor, opina que la alegría es sospechosa, que no hay nada más aburrido que escuchar sueños ajenos (por eso los psicólogos cobran caro, dice) y que la vida no es una foto en que uno ordena las cosas para que se vean bien, sino un "proceso desordenado, rápido y lleno de imprevistos", y al final resulta que sólo hemos vivido aquéllo que podemos evocar.
Y estoy completamente de acuerdo con esta, para mí, genial escritora. Puede que me haya quedado un post largo, pero me parecían importantes todos los mensajes que ella ha querido transmitir en esta novela.

miércoles, 12 de abril de 2017

El amor no tiene edad

Sabido es eso de que el amor no tiene edad. Cuando empleamos esta expresión en nuestra realidad más cotidiana, parece haber detrás casos de personas muuuy mayores que se enamoran o casos en que hay una diferencia de edad importante en la pareja. Da igual el supuesto, siempre acabamos diciendo "si es que el amor no tiene edad...".

Hoy vengo a traeros un nuevo ejemplo muy próximo a mí. 

Mi hermano tuvo el sábado pasado una comida con amigos, todos casados y con niños, siendo la primera vez que mis sobrinos (que tienen ahora 20 meses), se reunían con otros que no fueran primos o familiares. 

Manel
 Pues bien, mientras mi sobrino Manel, al que yo en este post llamaba "mi rubito" y ahora llamo "mi suequito" (porque no escucha y su físico le hace justicia), daba patadas a un balón o jugaba con cochecitos (eso sí, si era dentro de un trocito de tierra mucho mejor), resulta que mi sobrino Miquel, al que hasta ahora llamaba "mi bichito", se prendó de una niña que por allí correteaba, hasta el punto en que Cupido (me imagino que sería Cupido Junior) hizo también su tarea con ella que no dejaba de tocarle a carita, como veis en la foto de abajo.

Llegó la hora de finalizar el encuentro con los amigos y a Miquel no había forma de "arrancarlo" del lugar si no era con lloros. 

Miquel
A diferencia de "mi suequito" (que hablando se enrolla como las persianas en un idioma que más bien parece chino, qué digo...¡sueco!), el vocabulario de Miquel es tan básico como claro, reduciéndose  a cuatro palabras una de las cuales no cesaba de repetir al día siguiente: "nena, nena...la nena". 

Y ahora todos le decimos con cancioncita: "Miquel tiene noviaaa" y él nos mira divertido, se sonroja y se esconde. Y yo me pregunto: ¿qué sabrá él de lo que es una "novia"?

Ay "mi bichito", que se me ha enamorado. Y lo que aún le queda por sufrir vivir....

jueves, 6 de abril de 2017

"Tarde para la ira" y "Que Dios nos perdone"

 
Año: 2016
Duración: 92 min.
País: España
Director: Raúl Arévalo
Raúl Arévalo
Premios
2016: 4 Premios Goya, incluyendo Mejor película y director novel. 11 nominaciones
2016: Festival de Venecia: Mejor actriz (Ruth Díaz) (sección Orizzonti)
2016: 5 Premios Feroz, incluyendo mejor drama, director y guión
2016: Premios Gaudí: Nominada a Mejor fotografía

En esta película el actor español Raúl Arévalo debuta como director, consiguiendo el Goya a mejor película. De sí mismo dice que, como director, ha sido mucho más exigente que como actor.
Ana y Jose

Los protagonitas son: Antonio de la Torre, que interpreta a Jose, un hombre tranquilo y algo retraído, y Luis Callejo, que es Curro, más avispado que Jose con diferencia. 
Ambos brillan en cada una de las escenas, pues sus interpretaciones son muy realistas.
Curro
Santi, El Triana
Ruth Díaz destaca como protagonista femenina, dando vida a Ana, y Manolo Solo gana el Premio Goya 2017 al Mejor Actor de Reparto, dando vida a Santi, El Triana, un personaje histriónico muy vapuleado por la vida. con un timbre de voz que provoca risa, a la vez que resulta un poquito desagradable. Leí que había tenido que ensayarla mucho y no se atrevía a mostrarla en la película, pero que era lo que pretendía el director y no hubo nada que discutir al respecto.

Según Arévalo, escribió el guion para Antonio y Luis, por lo que no hizo ningún casting.
Abundan los primeros planos en unos diálogos más bien cortos, lo que sumado a una excelente banda sonora, conforma un interesante thriller que se inicia con el robo en una joyería y que desencadena toda una trama de venganza y sed de justicia al cabo de ocho años.
La película te pone un nudo en el estómago por la crudeza de la historia en la que, según el director, pretendía hablar sobre la violencia de la personas que consideramos 'normales', las que tenemos cerca a diario en los entornos en los que nos movemos. Y puedo aseguraros que hay escenas sorprendentes, cuanto menos.

 

Tal y como decía el escritor italiano Giovanni Papini: "la ira es como el fuego, que no se puede apagar si no es al primer chispazo, ya que después es tarde".
Esta es la posible explicación que he encontrado al título de la película.

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Y sin dejar la violencia a un lado, paso a hablaros de la otra película, "QUE DIOS NOS PERDONE", donde repetimos protagonista con Antonio de la Torre:

Año: 2016
Duración: 125 min
País: España
Director: Rodrigo Sorogoyen
Intérpretes: Antonio de la Torre (Velarde), Roberto Álamo (Alfaro), Javier Pereira (gracias a Sorogoyen, Pereira fue galardonado con el Goya a Mejor Actor Novel por su actuación en "Stockholm"), Mónica López (Amparo), Luis Zahera (Alonso), Raúl Prieto (Bermejo) y María Ballesteros (Rosario), entre otros.

Premios:
2016: Premios Goya: Mejor actor (Roberto Álamo). 
6 nominaciones
2016: Festival de San Sebastián: Mejor guión
2016: Premios Feroz: Mejor actor (Roberto Álamo).

Aunque Sorogoyen dirige esta película, el guión de la misma lo firma también Isabel Peña.
Alfaro y Velarde
Se trata de un thriller policial atroz que crea mucho desasosiego, siendo brillantes las interpretaciones de absolutamente todos los personajes.
El peso de la película recae, por un lado, en Antonio de la Torre, que borda el papel de tartamudo con sus propios complejos resultando muy creíble en el mismo y, por otro, en Roberto Álamo, que se pone en la piel de un tipo agresivo y altanero, siendo la suya una interpretación soberbia. 

La historia transcurre en Madrid, en el verano de 2011, coincidiendo con el ambiente creado por el 15-M y la cantidad de turistas que vienen a nuestro país con motivo de la visita del Papa.
Es entonces cuando, aprovechando el bullicio, empiezan a sucederse asesinatos en cadena, siendo muy característicos porque las víctimas del despreciable asesino (-que el espectador sabe quién es antes que los inspectores Alfaro y Velarde, encargados de los expedientes-) son ancianas desvalidas a las que viola y mata. Tremebundo.
Ambos pretenden esclarecer unos hechos, siendo que ellos mismos esconden cada uno su propia bajeza moral.
 
De la Torre, en una entrevista que hizo en su día, dijo que el título de la película obedece a que "ninguno de los dos está libre de hacer daño, de no saber amar o de no saber vivir" porque, de hecho, ambos personajes descubren que "no son tan diferentes del asesino al que buscan", concluyendo que "la violencia nunca es redentora".

A quién le guste la violencia en el cine (claro está) o quien admire a Antonio de la Torre (a mí me parece un buenísimo actor), va servido. 
Yo suscribo lo que dijo Isaac Asimov: "La violencia es el último recurso del incompetente".

Y por acabar con una pizca de humor, añado esta imagen que he encontrado:

  

viernes, 31 de marzo de 2017

Mi viaje a las Highlands

¡Hola amig@s! Hace días que volví del viaje, pero entre unas cosas y otras, me está costando volver a la normalidad (y a la pura realidad). No es que el viaje no fuera real, pero es que aún sigo un poco en las nubes. 
Hoy, viernes, creo que es un buen día para retomar el blog y por eso aquí estoy.
The Hotel
Veréis, volamos desde Barcelona hasta Edimburgo, lugar en que un autobús nos trasladó a Inverness (a unos 250 km). 
Inverness es considerada como la capital de la región de las Highlands (tierras altas de Escocia) y está ubicada en la desembocadura del río Ness.


En esta ciudad teníamos el hotel, que tengo que decir que era una maravilla. Tenía una escalera ("recreación" de la del Titanic), como os muestro en la foto. 
La chica de la recepción, vallisoletana de pura cepa y muy dada al palique, contó que el hotel tiene fama de estar encantado por cosas raras que han sucedido en él, como que se mueven las lámparas, que los cubiertos cambian de sitio o que, una vez, desapareció una figura de un cuadro. Puso tanto énfasis contándolo que una amiga mía no pegó ojo esa noche. 
Esto fue lo de menos, así como que me rompieran la maleta en el aeropuerto. Puse allí la reclamación pertinente que ha sido atendida favorablemente por la compañía aérea, lo cual me ha resultado muy satisfactorio.
Lo de más fue que, al día siguiente de llegar, falleció el padre de J., uno de nuestros viajeros. Fue muy triste su despedida en la estación de ferrocarriles, a punto él de coger un tren hacia Edimburgo desde donde debía volar de vuelta a España y corriendo nosotr@s hasta alcanzarle y despedirle con un abrazo. Todos le echamos mucho de menos los días posteriores.
Panorámica de Inverness
La misma noche de nuestra llegada (era Saturday night), fuimos a tomar algo en el típico pub con música en directo y tuvimos tan buena suerte que una mujer llamada Heidi cantaba canciones de Frank Sinatra (en la foto la podéis ver detrás del grupo). Tenía una voz espectacular. Luego visitamos otro donde había un karaoke en el que cantaba gente con muy buena voz como podéis comprobar en el vídeo de abajo.
video
Al día siguiente visitamos la Isla de Skye y de camino pudimos contemplar el lago Ness, ¡qué maravilla!
Lago Ness
Bajando a tocar el agua del lago
 
Atrapando al monstruo Nessie
 Asímismo, visitamos el castillo Eilean Donan, donde nos hicimos la foto de abajo con un foráneo, y el Skye Bridge.
Eilean Donan al fondo

Skye Bridge
Todo ello haciendo una parada en Sligachan at the Cuillins, viendo también las cascadas de la foto:
Fails of Clyde (Cascadas)
La excursión al Urquhart castle (en la foto de abajo) resultó ser espectacular por las vistas desde lo alto del mismo: 

y también ese día vimos Clava Caims, conjunto de tres túmulos funerarios de 4.000 años de antigüedad, cada uno de ellos rodeado por un círculo de piedras. Es, como si dijéramos, una tumba circular de piedra, con cámara, de la Edad del Bronce. 

La guía nos prohibió coger piedras porque se ve que a la gente se las lleva al contar la "leyenda" que te recargas de energía positiva tocándolas.
Clava Caims
Otra excursión preciosa fue a la isla de Jhon O'Groats, de donde son las fotos de abajo. Además del color de las casitas, vimos un espectacular y grandioso arco iris (por el que no sé si sabéis que yo siento debilidad):
Diseño personalizado  por Francisco Moroz

Río Ness de día
De día, por la tarde, de noche... a cualquier hora, era un placer pasear bordeando el río Ness, cuyo puente luce de distintos colores al anochecer.

Río Ness al atardecer

Río Ness al anochecer
En lo que respecta a la comida me pareció exquisita, y eso que soy un poco bastante tikismiquis con la carne.
Roast Beef. con Yorkshire pudding y Seasonal Vegetables
Salmon con Vegetables
Cakes
Coffee with whisky



Con dos típicos escoceses
Y como cosas singulares, ¿qué puede haber más típico en Escocia que lo que os muestro en las fotos de arriba y de abajo?
 
El famoso KILT

El kilt es una prenda de tela tartán, fabricada con rayas verticales y horizontales en diferentes tonalidades sobre un fondo de color, que se usa atada alrededor de la cintura. En los siglos XVI y XVII formaba parte de la indumentaria cotidiana masculina de las tierras altas de Escocia. 
Huelga decir que me compré una falda escocesa y unas orejeras (también escocesas) para no pasar frío en el próximo viaje. Fue lo que peor llevé, estar a 2 o 3º todo el tiempo, yo que soy de clima mediterráneo.
Otra cosa típica fue visitar el Victorian Market, que como su nombre indica es un mercado victoriano de una estructura arquitectónica impresionante y que tiene una serie de originales tiendas (hasta de alquiler de gaitas):

Otra cosa que me impactó fue una tienda de libros de segunda mano, por la ingente cantidad que allí había, hasta el punto que la chica que la regentaba estaba tan rodeada de pilas de libros que casi ni se la podía ver:
¿Veis al fondo a la chica, en un sillón negro?

Y el día de vuelta dimos tan solo una vuelta por Edimburgo, donde apenas dio tiempo a ver el castillo por fuera y hacernos una foto con el típico escocés tocando precisamente la gaita.
Castillo de Edimburgo


Tan solo me resta añadir que ha sido, de nuevo, un placer viajar con L., M.J. y P. (L., que me lee y alguna vez escribe, quería que figuraran solo las iniciales y sus deseos son órdenes para mí).
Con estas personas me iría al fin del mundo, y así se lo hice saber en el autobús de regreso at home, sweet home.