lunes, 7 de mayo de 2018

Formas de vivir

 

Se había comprometido consigo misma a ser feliz, a cuidarse, respetarse y amarse todos los días de su vida hasta que la muerte la separase de ella.

Eso le otorgaba cierto carisma a los ojos de los demás porque mientras estos se dedicaban a lidiar con sus quehaceres domésticos y al cuidado de sus hijos, veían que ella tenía tiempo no solo para trabajar sino también para viajar, ir de tiendas y gastar en caprichos e ir a fiestas en las que podía conocer a personas que le enriquecían intelectualmente.
Por supuesto, siempre luciendo sus mejores atuendos y haciendo gala del delicioso don de gentes con que la naturaleza la había dotado.
La envolvía , por añadidura, un halo de misterio que muchas mujeres (y hombres también) envidiaban en secreto.

Pero ella, todas las noches al acostarse analizaba su jornada y, pese a darse cuenta de que no seguía la corriente de nadie ni comulgaba con "dimes y diretes" (como hacían, generalmente, todos sus compañeros, amigos, vecinos y familiares), había una cosa que la desvelaba hasta que, tras barajar todas las posibilidades a su alcance, tomó la decisión que le pareció más adecuada y que sus allegados consideraban poco menos que constitutiva de delito, dada la libertad de que disponía: ingresar a sus padres en una residencia geriátrica debido a los males que les aquejaban.

Los cuidados que ellos necesitaban y merecían los podía prestar sin ningún tipo de dificultad el personal especializado del centro (sanitarios, fisioterapeutas...), pero lo que nadie podía darles es lo más grande que ella tenía y que volcaba en ellos a diario: el amor con el que se llenaba haciendo continuamente lo que le placía.

279 palabras


Reto de la Comunidad Relatos Compulsivos: 
Palabras a emplear: "carisma", "añadidura" y "constitutivo" (propuestas por el anterior ganador, el compañero Francisco Moroz).


¡He obtenido el 2º puesto!

Este es el bonito póster que Sue
organizadora de la Comunidad,
 ha elaborado para mí:


miércoles, 25 de abril de 2018

"Misión Olvido" de María Dueñas

Se trata de la segunda obra de María Dueñas, nacida en Puertollano (Ciudad Real) en 1964.
Es Doctora en Filología Inglesa y profesora titular en la Universidad de Murcia, actualmente en excedencia.
A lo largo de su carrera profesional ha impartido docencia en universidades norteamericanas y participado en múltiples proyectos educativos, culturales y editoriales.

María Dueñas

Su primera novela, "El tiempo entre costuras", de la que se han realizado 38 ediciones, ha superado el millón de ejemplares vendidos y sus derechos han sido cedidos para traducciones a 27 países.
Este libro me gustó muchísimo a pesar de ser, en mi humilde opinión, menos real que "Misión Olvido".

Precisamente fue en Valencia, en octubre de 2012 donde presentó ésta, su segunda novela.

A pesar del título, la escritora dijo en ese momento que "el olvido no sirve de nada, el olvido por el olvido no lleva a ningún sitio. Las cosas hay que dejarlas convenientemente cerradas y bien cosidas para evitar que aparezcan los fantasmas del pasado".

He leído que quiso garantizar en esa presentación que en ningún momento "Misión Olvido" formó parte de su vida personal, declarando: "Me encuentro en otro tipo de misión; misión futuro, ésta es una etapa muy bonita donde acompaño a mi libro y escucho la opinión de los lectores. Prefiero no olvidar, al revés, vivir la promoción con toda su intensidad".

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"A veces la vida se nos cae a los pies con el peso y el frío de una bola de plomo"

Y así es cómo empieza esta novela de 512 páginas, ambientada en los años cincuenta de España.

Blanca Perea es una profesora que emprende un viaje que, en realidad, es más bien una huída precipitada de su hogar al quedar truncada su vida cuando su marido la abandona por una chica más joven a la que deja embarazada (-no descubro nada, esto se sabe ya en las primeras páginas del libro-). 

Ella, con dos hijos ya veinteañeros, se marchará a la Universidad de Santa Cecilia, en California, donde se centra en un proyecto que muchos están intentando parar: que se construya en un paraje natural un centro comercial. A la vez, será la encargada de estudiar los escritos de Andrés Fontana, un profesor español muerto hace años en un accidente, porque "el simple hecho de poder constatar que aquello había sido terreno misional, sometería a la zona a un especial tratamiento legal".

Conocerá a quién la seleccionó para esa misión otorgándole la beca: el carismático Daniel Carter, una de las figuras con más solvencia intelectual allí; a su director, Luis Zárate, con el que Carter parece tener sus más y sus menos (muy interesantes); a su compañera de departamento Rebecca Cullen, a la que considera persona con muy buen fondo, generosa, compasiva y honesta; la perturbada, retorcida y provocadora anciana Darla Stern; y, por último, a su hija Fanny, "con mente siempre a pasito de caracol".
Todos ellos son personajes muy bien perfilados con la impecable prosa de María Dueñas, sin excesos ni florituras. 

En la novela se hacen también alusiones a todos aquellos emigrantes que forjaron la región y a los franciscanos que fundaron las misiones. Hasta se habla del escritor español Ramón J. Sender (que fue estudiado por Carter, a instancias precisamente del profesor Fontana).

Está narrada en primera persona por Blanca, absoluta protagonista de la historia.

Ya
sabéis que suelo contar poco del argumento, por lo que tan solo añadiré que me resultó un poco lenta al principio con toda la organización del legado de Fontana (-dejando ver los entresijos de una universidad, lo cual sí me resultó interesante porque me hizo evocar mis tiempos de universitaria-), pero adquiere un ritmo apasionante cuando se entrecruzan los personajes de Carter, Zárate, Cullen y la señora Darla.

E
n cuanto al nombre de la novela, en un principio pensé que se titulaba así porque es lo que Blanca emprende respecto a su vida personal: la imprescindible misión de olvidar. 

Pero una vez metida de lleno en la trama se llega a saber que una de las presuntas misiones fundadas por los franciscanos en aquellos terrenos de los que antes hablaba (-para evangelizar a la población-) tuvo ese nombre, misión Olvido (de Nuestra Señora del Olvido), por lo que pudiera entenderse que el título de la novela tiene ese doble sentido. 

Rescato algunas frases, como siempre, que me llamaron la atención (-son muchas y os libero de leerlas. Yo las transcribo para que queden reflejadas en mi blog y no queden simplemente subrayadas en mi libro-):

  • "El tiempo había separado nuestros caminos y quizá el músculo de la cercanía había perdido vigor".
  • "Intentaba encontrar una mota de coherencia en medio de la confusión (...) con la boca y manos limpias, el estomágo vacío, la mente en orden y el corazón seco".
  • "Traducciones sobre la mesa de la cocina aliñadas con más imaginación que rigor".
  • "Le habló de trigonometría, declinaciones y empeño; de poetas, fórmulas químicas y tesón. De ecuaciones y sintaxis, de entereza".
  • "Quizás no estaba tan sola como creía. Quizá la solución pasaba por llenar mi vida con otros afectos en vez de seguir lamentando los perdidos".
  • "Embaló los sentimientos junto con las emociones y los almacenó en la trastienda del pensamiento".
  • "Es sano desatascar las cañerías de la memoria y terminar de hacer las paces con todo lo que quedó atrás".
  • "Le pareció que durante la mitad de la mitad de un segundo, sus dedos llegaron a rozarse".
  • "Tal vez por ese cable de auxilio que la lucidez nos echa de tanto en tanto cuando estamos al borde del precipicio".
  • "Dicen que la compasión es un síntoma de madurez emocional, no es una obligación moral ni un sentimiento que nazca de la reflexión. Simplemente es algo que, cuando llega, llega".
  • "Lo efímero de la felicidad, la simpleza brutal con que los zarpazos del destino son capaces de llevarse por delante lo que creemos duradero e ilusamente establecido".
  • "A duras penas ató cortas las ganas de besarla".
  • "Continuó desoyendo a sus escrúpulos. Ya tendría tiempo de hacer las paces con ellos".
  • "Eran una raya en el agua. A nadie le interesaban".
  • "Esa erosión emocional de la que creía estar ya recuperándome y a la que había regresado de golpe sin haber tenido siquiera tiempo para abrir un paraguas o ponerme a cubierto del temporal".
  • "Me acurruqué junto a él para hacerle compañía mientras cada uno ajustaba cuentas con sus propios demonios".
  • "Sobre la habitación se extendió una lámina de silencio denso, hasta que Luis la rajó".
  • "El reparto de talentos siempre fue arbitrario, a nadie le dieron a elegir".
Acabo con ésta que consta en el prólogo de la novela y que comparto:
"Una novela luminosa, un tributo a las segundas oportunidades, la reconciliación y la reconstrucción". 

Tal y como le dijo Daniel Carter a Blanca
"Al final te vuelves a abrir a la vida, avanzas, progresas".

Y como acaba diciendo la autora en sus agradecimientos, en la última línea del libro: 
"Lo mejor de la vida, 
muchas veces, 
todavía está por llegar".

viernes, 13 de abril de 2018

Mi viaje a Turín


Ciao amici, sono già tornato da Torino.
È stato un grande viaggio perché è una città meravigliosa 
e la compagnia è stata molto piacevole.

Supongo que esto no os ha resultado difícil de entender.

Lo que es la climatología estuvo de nuestra parte, ya que hizo sol todos los días, excepto una tarde en la que cayó lo que se dice "agua misericordia". Pero...¿conocéis esa frase que dice "algunas personas sienten la lluvia, otras solo se mojan"? Pues yo, allí especialmente, la sentí. No fue óbice para que paseara con M. y P., las amigas con las que viajé, bajo la inmensa cantidad de arcos que rodean todas las plazas y en los que se encuentran muchas tiendas, cafeterías, restaurantes, galerías...


Callejeamos todo lo que pudimos y más, de punta a punta de la ciudad, cuya panorámica pudimos ver desde las alturas, desde la famosa La Mole Antonelliana que es su principal símbolo arquitectónico. Se llama así porque fue construída (entre 1863 y 1888) por el arquitecto Alessandro Antonelli.




Había mucha cola (-que hicimos bastante entretenidas, por cierto-) para poder subir mediante un ascensor a lo alto de la misma.

Al bajar visitam
os el Museo Nazionale del Cinema que está dedicado a la historia del cine italiano e internacional, inaugurado en el año 2000 y que tiene una superficie de 3200 metros cuadrados.
 
 














Quedé impactada de todo lo que allí vi, desde el nacimiento del cine hasta la época más reciente. Todo un espectáculo para los sentidos el estar tumbada en unas butacas "chaise longue" que tenían unas orejeras desde las que salía el sonido de las imágenes reflejadas en una pantalla inmensa. Era como un cine gigante con grandes butacas separadas unas de otras.

 













Cambiando de tercio, que la Sábana Santa (-que la Iglesia nunca ha declarado que sea el verdadero sudario de Jesucristo-) sigue siendo un misterio y la reliquia más valiosa y estudiada del mundo es lo que descubrimos al visitar la Catedral de San Juan Bautista
El Papa Francisco rezó ante ella durante su visita en 2015 y dijo: "La Sábana Santa atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, hacia el rostro de cada persona que sufre o es perseguida injustamente. Puede que no sea una reliquia oficial, pero la Iglesia actúa como si lo fuera (...). El semblante tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto y, sin embargo, nos mira de un modo misterioso y nos habla en el silencio".

Se trata de una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,1 de ancho que tiene impresa la parte frontal y la dorsal de un hombre. Ahora un nuevo hallazgo ha concluido que el tejido de la reliquia estuvo en contacto con sangre humana. En concreto, con una persona que fue torturada.
 
En cuanto al tema de la gastronomía, he de confesar una vez más que la comida italiana es mi favorita y, salvo una noche en que una pizza Mediterránea, en un típico restaurante, nos resultó picante hasta la médula (-ignoramos aún qué ingrediente era el causante de esto-), todo lo que degustamos allí fue exquisito. 

Los famosos gelatos Grom, creatos in Italia, con ingredienti di origine naturale, senza aromi, senza coloranti, senza emulsionanti... para una golosa como yo fueron una auténtica delicia, como también lo fue el chocolate típico, llamado Gianduia (tipo Nutella).

Y qué decir de los vermuts. Tomamos varios, pero el más espectacular fue en un local llamado "Farmacia" (con aspecto de tal), en su terracita.

Como no,
también probamos "SU" pasta en otro lugar, digamos que muy singular. Y si empleo este calificativo es por lo que os voy a contar.


Era una especie de pequeño y acogedor restaurante, con una zona de aspecto más bien chill out y nosotras tres éramos las únicas clientes del local esa noche.  

Al lado de nuestra mesa había un piano, sobre el que reposaba la foto del dueño (de más joven, -pues aún lo era-; yo le reconocí en seguida...) pero en el momento de pedir la cuenta fue cuando llegó el atraco. Qué digo atraco... ¡fue un secuestro en toda regla!

Llegó un hombre regordete, con gafas y poco pelo, que se nos presentó, se sentó al piano y empezó a tocar "Amapola, líndisima amapola..." (-nosotras le hicimos los coros-), siguió con "Angelitos negros", y continuó con "Amor, amor...nació de ti, nació de mí...", y "Colegiala"...y...y... de repente, se saca de una mochila un Cd... (-ingenua de mí creía que nos lo iba a regalar-) y nos dice que le digamos una canción del mismo para que la toque.
Paolo
 
Y fue M. quien le señaló una titulada "Je t'aime" (-yo no leía nada entre lo oscuro del local y lo chiquitina de la letra), y luego me preguntó a mí cómo me llamaba. Se lo dije y me dedicó una titulada "Regard", que nuuuuuunca llegaba a su fin.

M. ya estaba con el pomo de la puerta en la mano, P. aposentada tan tranquila como si estuviera en su casa y yo, a medio camino entre las dos, me di cuenta cómo un único hombre (-que había entrado mientras Paolo tocaba y que parecía asiduo al local-) cogía la carta de los menús con las dos manos y se tapaba la cara. Es que se acercaba el momento apoteósico: el de pedirnos 10 € por el Cd.
Le dijimos (-como supimos y pudimos-) que no, y él insistiendo en que le echáramos alguna moneda en el bote, pero no teníamos ni una (en "nuestro" bote no quedaban). ¡Qué vergüenza, por Dios! 

Camarero
En otro restaurante, el camarero solo hacía que guiñarle el ojo a M., que se empezó a poner nerviosa porque era su mujer la que nos atendía y parecía estar muy pero que muy "al loro". 

Y en otro que entramos (tanto por lo bonito que resultaba desde el exterior como porque había bastante gente), lo primero que vimos fue a una delgada camarera rubia de espaldas. 
Camarera
Cuando se giró me pareció Terele Pávez en "Las brujas de Zugarramurdi", pero en rubio.
Terele Pávez

La cuestión es que, tras hacerle lo que llamamos una "escuchita" al chico que se encontraba tras la barra, nos hizo ademán de seguirla. Fue entonces cuando  P. nos susurró al oído: "Creo que de aquí no vamos a salir vivas". Fue surrealista. Nosotras pedimos lo que queríamos cenar y ella sacó lo que le dio la gana (-entre otras cosas, la tabla de embutidos de la foto, con un queso derretido sobre un papel aluminio y que nos quedamos mirando como si fuera una sarta de grillos antes de que nos entrara la risa-).

En
fin, que anécdotas tuvimos un montón. Eso por no hablaros de un chico negro guapísimo, guardia jurado de unas perfumerías en las que probamos todo lo habido y por haber con tal de yo hacerle una foto  (-ya sé, como las colegialas-).
Jean Pierre y yo
En un momento dado hasta creo que por el pinganillo avisó a los de seguridad porque nos veía hacer movimientos extraños. Total, que no me corté y al final le pregunté si me podía hacer una foto con él, a lo que accedió de muy buen grado. Se llamaba (o mejor dicho, se llama) Jean Pierre.

Y bien, podría seguir hablando de la odisea para llegar al hotel desde el aeropuerto, de la rotura del asa de mi maleta con ella a cuestas, de la habitación del hotel, de su creído recepcionista, de Toni el Juventino (por ser seguidor del Juventus) y del afable taxista que nos llevó de vuelta al aeropuerto.

En resumen, ciudad encantadora y cien por cien recomendable, con encuentros memorables y sus correspondientes anécdotas que no sigo contando por no hacer tan largo este post como el conciertazo privado que nos dio Paolo.


miércoles, 21 de marzo de 2018

Escribiendo...

Escribiendo se entiende la gente, porque, a veces, hablando no.
 No soy persona de tener discusiones ni conflictos pero sí de manifestar en cada momento lo que pienso, sobre todo, cuando estoy entre amigos. Esto jamás me creó ningún problema con nadie.
 Aún habiendo (como es normal) diferencias de criterios, siempre se acepta bien lo que digo porque, aunque aún tengo abuela, diré que me considero y se me considera una persona que defiende bien lo que piensa, quizás con vehemencia pero jamás con soberbia, nunca faltando al respeto de nadie y muchas veces corriendo el riesgo de estar equivocada. Esto último sin lugar a dudas.
 Pero también creo que la libertad de pensamiento es de los pocos reductos que todo el mundo tiene y que absolutamente nadie puede juzgar. Nadie puede enfadarse porque pensemos de una determinada manera.
  En mi opinión, discutir es un arte también, y pocas personas (entre las que no me incluyo) lo dominan. Las discusiones son eso: exponer diferentes puntos de vista, contrastar, rebatir sin separar y, menos aún, sin poner puntos en las relaciones del tipo que sean.
 Pero bien, si llegado un punto de no entendimiento después de una discusión uno pide sinceras disculpas por si en algo se hubiera podido exceder o algo hubiera llegado a molestar y, por contra, lo que recibe por respuesta es silencio, la humillación que se siente es de tal calibre que lleva a uno a plantearse si realmente vale la pena hablar.
 Más que el motivo de la discusión en sí, lo que me disgusta especialmente es la actitud que algunas personas adoptan tras la misma, porque su silencio me lleva a concluir que de nada han servido mil conversaciones, encuentros y detalles mutuos anteriores, siendo muy decepcionante comprobar que te crees "alguien" y ya no lo eres o, lo que es peor, descubres que nunca lo fuiste. 
 Casi nunca nada es tan grave como para no aceptar unas disculpas de una persona que tiene el meditado y generoso gesto de solicitarlas y de solucionar un entuerto.
 No se trata de un "tienes razón" pero qué pocas personas en este mundo no merecen escuchar un "sí", un "no", o un "necesito pensarlo".

 Bueno, creo que voy a dejar la escritura para otro momento porque, a este paso, llegaré tarde a la fiesta (-en qué mala hora acepté la invitación porque intuyo que ÉL también irá y su presencia me resultará incómoda-).
 Nada más llegar, echo un vistazo general a la sala y, cual radar, le detecto en seguida charlando animadamente con sus amigos. 
 Quizás yo con una copa en la mano no me sienta tan perdida hasta que encuentre a mi gente. Me acerco a la barra y ante la pregunta "¿qué vas a tomar?" proveniente, no del camarero sino de alguien pegado a mi espalda, doy media vuelta y recibo un beso en la mejilla. 
Ya no necesito encontrar a nadie, ni escuchar aquellas palabras, ni siquiera seguir escribiendo...

viernes, 9 de marzo de 2018

¿Un cafetito?




Yo suelo tomar tan solo un café al día después de comer, pero la otra noche tomé tres. Y, claro, por la noche no hacía más que pensar en ello y no podía conciliar el sueño...
Estaban fuertes y, sobre todo, muy estimulantes. Tenían un toque especial ya que sabían distinto, como una mezcla entre romántico y divertido. 
Ya sé, me diréis que no son adjetivos propios de un café (o quizás sí, en el sentido figurado), pero en seguida vais a entender por qué lo digo.

Al d
ía siguiente pregunté a los que me habían acompañado y tomado conmigo los cafés, y todos coincidían en que les  pareció asombroso, hasta el punto de que a todos nos gustaría repetir la experiencia si se se vuelve a presentar el caso.

Y es que la marca Quijano nunca decepciona. Juntos o por separado, Manolo, Óscar y Raúl te hacen vibrar con sus melódicas canciones y sus medidas letras. 

Con carácter previo a cada una de ellas, el mayor, Manolo (con voz grave pero jocoso tono), explicaba algo a modo de anécdota hasta hacerte estallar en carcajada. 
Y añadía con sorna: "yo es que soy más bien de hablar poco"...

Se definen granujillas. Cuentan que de jóvenes, mientras todos sus amigos se dedicaban a salir, ellos no, qué va...Ellos eran "de libros y todas esas cosas".
Añaden que han cumplido los sueños que tenían e incluso algunos que ni llegaron a tener, que nos pasamos media vida buscando nuestra media naranja y otra media intentando no perderla, y que en ese proceso ellos han encontrado de todo ("mandarinas, limones y hasta higos").

Cuando alguna espontánea soltaba "guapooo" en medio de alguna de sus alocuciones, Manolo giraba hacia su izquierda y decía lo mismo siempre: "Raúl, que te llaman". Y Raúl contestaba tímidamente: "Gracias, tú también, bonita".

Se les ve buena gente, amantes de su León natal e incondicionales de su padre, que fue quien les inculcó su pasión por la música.

Su soltura y desparpajo en el escenario no tienen igual pues son capaces de atraer la atención de su más remoto adepto e impiden que una pueda estar quieta en su butaca. Doy fe de ello.

Manuel,el mayor
 
 "No me canso de aprender de ti.
Este amor se escapa a la razón.
Fue contigo cuando comprendí, 

el sentido de quererte así".
(Me enamoras)

Óscar, el mediano


"Prometo quererte.
Promete buscarte

 lo que quieras que encuentre". 
(Prometo)
Raúl, el pequeño

"Cada día, 
cada noche,
es un momento.
Se escapa
y no le robo tiempo al tiempo".
(Robarle tiempo al tiempo)



Os dejo con mi canción preferida:

                                               

lunes, 26 de febrero de 2018

La historia de Fede



A Fede, con tan solo ocho años, le tocó ejercer de padre de una familia formada por una madre un tanto desvalida, un hermano con una ligera discapacidad provocada por una deshidratación al nacer y una hermana que, viendo el carácter blando y resignado de su madre, adoptó este rol.
Su padre, panadero de profesión, un mal día empezó con dolores de espalda que, lógicamente, achacaba a su trabajo pero que resultó ser un cáncer que se lo llevó en apenas un par de meses.
Por si fuera poco, su hermano discapacitado sufrió abusos por parte de un depravado durante las fiestas del pueblo, siendo Fede testigo directo de los hechos.  
Cuando ingenuamente le contó a su madre lo que había visto y escuchado, ésta lo cogió en volandas de la mano y se lo llevó corriendo al cuartel de la Guardia Civil a declarar cosas que, a todas luces, eran impropias para un niño de su corta edad.

Pero todo aquello a Fede le hizo crecer. Pegó un estirón en todos los sentidos. Todo lo que tenía de guapo lo era también de espabilado y compaginaba a la perfección su afán de proteger a todos con sus estudios.

Pasado un tiempo, su hermana se casó y también fue madre de una preciosa niña con quien Fede se volcó; no en balde era su primera sobrina y sentía por ella verdadera adoración. 
La cuidaba siempre que hacía falta ya que su madre (abuela de la niña) andaba siempre por la iglesia del barrio donde escuchaba misa, leía y rezaba por todos, colaboraba en las ofrendas y hablaba con las monjitas de clausura que allí se encontraban congregadas detrás de unas rejas.

La pobre mujer, por quien verdaderamente sentía auténtico pesar era por su hijo mayor, el de la discapacidad, logrando que ésta se le reconociera oficialmente a base de subirse a muchos autobuses y rellenar toda clase de papeles ininteligibles para ella. Por otra parte, consiguió también que el niño no quedara quieto en casa. Tanto fue así que, con el tiempo, en unos talleres de agricultura para niños con el mismo problema que el suyo, el chaval conocíó a una chiquilla de la que empezó a ser su novio.

Y mientras Fede velaba por todos: por su madre (que siempre estaba en la iglesia), por su hermano (que siempre estaba con su novia), por su sobrina (ya que su hermana siempre estaba trabajando).
Era ejemplar la dedicación que un niño de su edad ejercía sobre todo y todos. Sus ambiciones tampoco eran cortas pues se propuso estudiar Medicina cuando fuera mayor a fin de poder curar enfermedades como la que le arrebató a su padre.

Pero con el tiempo empezó a faltar a clase. Alegaba que tenía que cuidar de su sobrina o acompañar a su madre a algún lugar. Después de muchas pesquisas todo apuntaba a que padecía bullying en el colegio. Sus notas empezaron a bajar y estaba siempre irascible.

Hoy su madre ha recibido una nota de la tutora: en el colegio se ha descubierto que es él quien lo ejerce sobre otros niños, que ha sido visto hurgando en mochilas ajenas en la hora del patio y, por si fuera poco, también ha sido denunciado por un vecino que vio desde su ventana cómo rayaba su coche junto con otro chaval.

Nadie de los que le conocen da crédito ya que su conducta siempre ha sido impecable. Todos le preguntan pero su hermetismo al respecto ha sido absoluto hasta que Ana, la psicopedagoga del centro en el que estudia, ha logrado sonsacarle esto: si siendo buena persona todo a su alrededor anda mal, cree que actuando a lo loco y sin escrúpulos, igual ruedan mejor las cosas. Su mentalidad de niño no alcanza a verlo de otra forma.

Con buen criterio, la terapeuta dice que necesita descargar las "piedras" de la pesada mochila que carga en sus espaldas y que está arrojando sin más y por doquier, y a su vez precisa llenarla de mimos, risas, amigos, juegos y, por supuesto cariño por parte de los que le quieren pero que, inmersos en sus problemas diarios, prescinden de hacérselo saber.

Y es que mostrar amor a un niño debiera ser tan importante como saciar el hambre o las ganas de dormir.