viernes, 13 de abril de 2018

Mi viaje a Turín


Ciao amici, sono già tornato da Torino.
È stato un grande viaggio perché è una città meravigliosa 
e la compagnia è stata molto piacevole.

Supongo que esto no os ha resultado difícil de entender.

Lo que es la climatología estuvo de nuestra parte, ya que hizo sol todos los días, excepto una tarde en la que cayó lo que se dice "agua misericordia". Pero...¿conocéis esa frase que dice "algunas personas sienten la lluvia, otras solo se mojan"? Pues yo, allí especialmente, la sentí. No fue óbice para que paseara con M. y P., las amigas con las que viajé, bajo la inmensa cantidad de arcos que rodean todas las plazas y en los que se encuentran muchas tiendas, cafeterías, restaurantes, galerías...


Callejeamos todo lo que pudimos y más, de punta a punta de la ciudad, cuya panorámica pudimos ver desde las alturas, desde la famosa La Mole Antonelliana que es su principal símbolo arquitectónico. Se llama así porque fue construída (entre 1863 y 1888) por el arquitecto Alessandro Antonelli.




Había mucha cola (-que hicimos bastante entretenidas, por cierto-) para poder subir mediante un ascensor a lo alto de la misma.

Al bajar visitam
os el Museo Nazionale del Cinema que está dedicado a la historia del cine italiano e internacional, inaugurado en el año 2000 y que tiene una superficie de 3200 metros cuadrados.
 
 














Quedé impactada de todo lo que allí vi, desde el nacimiento del cine hasta la época más reciente. Todo un espectáculo para los sentidos el estar tumbada en unas butacas "chaise longue" que tenían unas orejeras desde las que salía el sonido de las imágenes reflejadas en una pantalla inmensa. Era como un cine gigante con grandes butacas separadas unas de otras.

 










Cambiando de tercio, que la Sábana Santa (-que la Iglesia nunca ha declarado que sea el verdadero sudario de Jesucristo-) sigue siendo un misterio y la reliquia más valiosa y estudiada del mundo es lo que descubrimos al visitar la Catedral de San Juan Bautista
El Papa Francisco rezó ante ella durante su visita en 2015 y dijo: "La Sábana Santa atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, hacia el rostro de cada persona que sufre o es perseguida injustamente. Puede que no sea una reliquia oficial, pero la Iglesia actúa como si lo fuera (...). El semblante tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto y, sin embargo, nos mira de un modo misterioso y nos habla en el silencio".

Se trata de una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,1 de ancho que tiene impresa la parte frontal y la dorsal de un hombre. Ahora un nuevo hallazgo ha concluido que el tejido de la reliquia estuvo en contacto con sangre humana. En concreto, con una persona que fue torturada.
 
En cuanto al tema de la gastronomía, he de confesar una vez más que la comida italiana es mi favorita y, salvo una noche en que una pizza Mediterránea, en un típico restaurante, nos resultó picante hasta la médula (-ignoramos aún qué ingrediente era el causante de esto-), todo lo que degustamos allí fue exquisito. 

Los famosos gelatos Grom, creatos in Italia, con ingredienti di origine naturale, senza aromi, senza coloranti, senza emulsionanti... para una golosa como yo fueron una auténtica delicia, como también lo fue el chocolate típico, llamado Gianduia (tipo Nutella).

Y qué decir de los vermuts. Tomamos varios, pero el más espectacular fue en un local llamado "Farmacia" (con aspecto de tal), en su terracita:

Como no,
también probamos "SU" pasta en otro lugar, digamos que muy singular. Y si empleo este calificativo es por lo que os voy a contar.
Era una especie de pequeño y acogedor restaurante, con una zona de aspecto más bien chill out y nosotras tres éramos las únicas clientes del local esa noche.  

Al lado de nuestra mesa había un piano, sobre el que reposaba la foto del dueño (de más joven, -pues aún lo era-; yo le reconocí en seguida...) pero en el momento de pedir la cuenta fue cuando llegó el atraco. Qué digo atraco... ¡fue un secuestro en toda regla!

Llegó un hombre regordete, con gafas y poco pelo, que se nos presentó, se sentó al piano y empezó a tocar "Amapola, líndisima amapola..." (-nosotras le hicimos los coros-), siguió con "Angelitos negros", y continuó con "Amor, amor...nació de ti, nació de mí...", y "Colegiala"...y...y... de repente, se saca de una mochila un Cd... (-ingenua de mí creía que nos lo iba a regalar-) y nos dice que le digamos una canción del mismo para que la toque.
Paolo
 
Y fue M. quien le señaló una titulada "Je t'aime" (-yo no leía nada entre lo oscuro del local y lo chiquitina de la letra), y luego me preguntó a mí cómo me llamaba. Se lo dije y me dedicó una titulada "Regard", que nuuuuuunca llegaba a su fin.

M. ya estaba con el pomo de la puerta en la mano, P. aposentada tan tranquila como si estuviera en su casa y yo, a medio camino entre las dos, me dí cuenta cómo un único hombre (-que había entrado mientras Paolo tocaba y que parecía asiduo al local-) cogía la carta de los menús con las dos manos y se tapaba la cara. Es que se acercaba el momento apoteósico: el de pedirnos 10 € por el Cd.
Le dijimos (-como supimos y pudimos-) que no, y él insistiendo en que le echáramos alguna moneda en el bote, pero no teníamos ni una (en "nuestro" bote no quedaban). ¡Qué vergüenza, por Dios! 

Camarero
En otro restaurante, el camarero solo hacía que guiñarle el ojo a M., que se empezó a poner nerviosa porque era su mujer la que nos atendía y parecía estar muy pero que muy "al loro". 

Y en otro que entramos (tanto por lo bonito que resultaba desde el exterior como porque había bastante gente), lo primero que vimos fue a una delgada camarera rubia de espaldas. 
Camarera
Cuando se giró me pareció Terele Pávez en "Las brujas de Zugarramurdi", pero en rubio.
Terele Pávez

La cuestión es que, tras hacerle lo que llamamos una "escuchita" al chico que se encontraba tras la barra, nos hizo ademán de seguirla. Fue entonces cuando  P. nos susurró al oído: "Creo que de aquí no vamos a salir vivas". Fue surrealista. Nosotras pedimos lo que queríamos cenar y ella sacó lo que le dio la gana (-entre otras cosas, la tabla de embutidos de la foto, con un queso derretido sobre un papel aluminio y que nos quedamos mirando como si fuera una sarta de grillos antes de que nos entrara la risa-).

En
fin, que anécdotas tuvimos un montón. Eso por no hablaros de un chico negro guapísimo, guardia jurado de unas perfumerías en las que probamos todo lo habido y por haber con tal de yo hacerle una foto  (-ya sé, como las colegialas-).
Jean Pierre y yo
En un momento dado hasta creo que por el pinganillo avisó a los de seguridad porque nos veía hacer movimientos extraños. Total, que no me corté y al final le pregunté si me podía hacer una foto con él, a lo que accedió de muy buen grado. Se llamaba (o mejor dicho, se llama) Jean Pierre.

Y bien, podría seguir hablando de la odisea para llegar al hotel desde el aeropuerto, de la rotura del asa de mi maleta con ella a cuestas, de la habitación del hotel, de su creído recepcionista, de Toni el Juventino (por ser seguidor del Juventus) y del afable taxista que nos llevó de vuelta al aeropuerto.

En resumen, ciudad encantadora y cien por cien recomendable, con encuentros memorables y sus correspondientes anécdotas que no sigo contando por no hacer tan largo este post como el conciertazo privado que nos dio Paolo.


miércoles, 21 de marzo de 2018

Escribiendo...

Escribiendo se entiende la gente, porque, a veces, hablando no.
 No soy persona de tener discusiones ni conflictos pero sí de manifestar en cada momento lo que pienso, sobre todo, cuando estoy entre amigos. Esto jamás me creó ningún problema con nadie.
 Aún habiendo (como es normal) diferencias de criterios, siempre se acepta bien lo que digo porque, aunque aún tengo abuela, diré que me considero y se me considera una persona que defiende bien lo que piensa, quizás con vehemencia pero jamás con soberbia, nunca faltando al respeto de nadie y muchas veces corriendo el riesgo de estar equivocada. Esto último sin lugar a dudas.
 Pero también creo que la libertad de pensamiento es de los pocos reductos que todo el mundo tiene y que absolutamente nadie puede juzgar. Nadie puede enfadarse porque pensemos de una determinada manera.
  En mi opinión, discutir es un arte también, y pocas personas (entre las que no me incluyo) lo dominan. Las discusiones son eso: exponer diferentes puntos de vista, contrastar, rebatir sin separar y, menos aún, sin poner puntos en las relaciones del tipo que sean.
 Pero bien, si llegado un punto de no entendimiento después de una discusión uno pide sinceras disculpas por si en algo se hubiera podido exceder o algo hubiera llegado a molestar y, por contra, lo que recibe por respuesta es silencio, la humillación que se siente es de tal calibre que lleva a uno a plantearse si realmente vale la pena hablar.
 Más que el motivo de la discusión en sí, lo que me disgusta especialmente es la actitud que algunas personas adoptan tras la misma, porque su silencio me lleva a concluir que de nada han servido mil conversaciones, encuentros y detalles mutuos anteriores, siendo muy decepcionante comprobar que te crees "alguien" y ya no lo eres o, lo que es peor, descubres que nunca lo fuiste. 
 Casi nunca nada es tan grave como para no aceptar unas disculpas de una persona que tiene el meditado y generoso gesto de solicitarlas y de solucionar un entuerto.
 No se trata de un "tienes razón" pero qué pocas personas en este mundo no merecen escuchar un "sí", un "no", o un "necesito pensarlo".

 Bueno, creo que voy a dejar la escritura para otro momento porque, a este paso, llegaré tarde a la fiesta (-en qué mala hora acepté la invitación porque intuyo que ÉL también irá y su presencia me resultará incómoda-).
 Nada más llegar, echo un vistazo general a la sala y, cual radar, le detecto en seguida charlando animadamente con sus amigos. 
 Quizás yo con una copa en la mano no me sienta tan perdida hasta que encuentre a mi gente. Me acerco a la barra y ante la pregunta "¿qué vas a tomar?" proveniente, no del camarero sino de alguien pegado a mi espalda, doy media vuelta y recibo un beso en la mejilla. 
Ya no necesito encontrar a nadie, ni escuchar aquellas palabras, ni siquiera seguir escribiendo...

viernes, 9 de marzo de 2018

¿Un cafetito?




Yo suelo tomar tan solo un café al día después de comer, pero la otra noche tomé tres. Y, claro, por la noche no hacía más que pensar en ello y no podía conciliar el sueño...
Estaban fuertes y, sobre todo, muy estimulantes. Tenían un toque especial ya que sabían distinto, como una mezcla entre romántico y divertido. 
Ya sé, me diréis que no son adjetivos propios de un café (o quizás sí, en el sentido figurado), pero en seguida vais a entender por qué lo digo.

Al d
ía siguiente pregunté a los que me habían acompañado y tomado conmigo los cafés, y todos coincidían en que les  pareció asombroso, hasta el punto de que a todos nos gustaría repetir la experiencia si se se vuelve a presentar el caso.

Y es que la marca Quijano nunca decepciona. Juntos o por separado, Manolo, Óscar y Raúl te hacen vibrar con sus melódicas canciones y sus medidas letras. 

Con carácter previo a cada una de ellas, el mayor, Manolo (con voz grave pero jocoso tono), explicaba algo a modo de anécdota hasta hacerte estallar en carcajada. 
Y añadía con sorna: "yo es que soy más bien de hablar poco"...

Se definen granujillas. Cuentan que de jóvenes, mientras todos sus amigos se dedicaban a salir, ellos no, qué va...Ellos eran "de libros y todas esas cosas".
Añaden que han cumplido los sueños que tenían e incluso algunos que ni llegaron a tener, que nos pasamos media vida buscando nuestra media naranja y otra media intentando no perderla, y que en ese proceso ellos han encontrado de todo ("mandarinas, limones y hasta higos").

Cuando alguna espontánea soltaba "guapooo" en medio de alguna de sus alocuciones, Manolo giraba hacia su izquierda y decía lo mismo siempre: "Raúl, que te llaman". Y Raúl contestaba tímidamente: "Gracias, tú también, bonita".

Se les ve buena gente, amantes de su León natal e incondicionales de su padre, que fue quien les inculcó su pasión por la música.

Su soltura y desparpajo en el escenario no tienen igual pues son capaces de atraer la atención de su más remoto adepto e impiden que una pueda estar quieta en su butaca. Doy fe de ello.

Manuel,el mayor
 
 "No me canso de aprender de ti.
Este amor se escapa a la razón.
Fue contigo cuando comprendí, 

el sentido de quererte así".
(Me enamoras)

Óscar, el mediano


"Prometo quererte.
Promete buscarte

 lo que quieras que encuentre". 
(Prometo)
Raúl, el pequeño

"Cada día, 
cada noche,
es un momento.
Se escapa
y no le robo tiempo al tiempo".
(Robarle tiempo al tiempo)



Os dejo con mi canción preferida:

                                               

lunes, 26 de febrero de 2018

La historia de Fede



A Fede, con tan solo ocho años, le tocó ejercer de padre de una familia formada por una madre un tanto desvalida, un hermano con una ligera discapacidad provocada por una deshidratación al nacer y una hermana que, viendo el carácter blando y resignado de su madre, adoptó este rol.
Su padre, panadero de profesión, un mal día empezó con dolores de espalda que, lógicamente, achacaba a su trabajo pero que resultó ser un cáncer que se lo llevó en apenas un par de meses.
Por si fuera poco, su hermano discapacitado sufrió abusos por parte de un depravado durante las fiestas del pueblo, siendo Fede testigo directo de los hechos.  
Cuando ingenuamente le contó a su madre lo que había visto y escuchado, ésta lo cogió en volandas de la mano y se lo llevó corriendo al cuartel de la Guardia Civil a declarar cosas que, a todas luces, eran impropias para un niño de su corta edad.

Pero todo aquello a Fede le hizo crecer. Pegó un estirón en todos los sentidos. Todo lo que tenía de guapo lo era también de espabilado y compaginaba a la perfección su afán de proteger a todos con sus estudios.

Pasado un tiempo, su hermana se casó y también fue madre de una preciosa niña con quien Fede se volcó; no en balde era su primera sobrina y sentía por ella verdadera adoración. 
La cuidaba siempre que hacía falta ya que su madre (abuela de la niña) andaba siempre por la iglesia del barrio donde escuchaba misa, leía y rezaba por todos, colaboraba en las ofrendas y hablaba con las monjitas de clausura que allí se encontraban congregadas detrás de unas rejas.

La pobre mujer, por quien verdaderamente sentía auténtico pesar era por su hijo mayor, el de la discapacidad, logrando que ésta se le reconociera oficialmente a base de subirse a muchos autobuses y rellenar toda clase de papeles ininteligibles para ella. Por otra parte, consiguió también que el niño no quedara quieto en casa. Tanto fue así que, con el tiempo, en unos talleres de agricultura para niños con el mismo problema que el suyo, el chaval conocíó a una chiquilla de la que empezó a ser su novio.

Y mientras Fede velaba por todos: por su madre (que siempre estaba en la iglesia), por su hermano (que siempre estaba con su novia), por su sobrina (ya que su hermana siempre estaba trabajando).
Era ejemplar la dedicación que un niño de su edad ejercía sobre todo y todos. Sus ambiciones tampoco eran cortas pues se propuso estudiar Medicina cuando fuera mayor a fin de poder curar enfermedades como la que le arrebató a su padre.

Pero con el tiempo empezó a faltar a clase. Alegaba que tenía que cuidar de su sobrina o acompañar a su madre a algún lugar. Después de muchas pesquisas todo apuntaba a que padecía bullying en el colegio. Sus notas empezaron a bajar y estaba siempre irascible.

Hoy su madre ha recibido una nota de la tutora: en el colegio se ha descubierto que es él quien lo ejerce sobre otros niños, que ha sido visto hurgando en mochilas ajenas en la hora del patio y, por si fuera poco, también ha sido denunciado por un vecino que vio desde su ventana cómo rayaba su coche junto con otro chaval.

Nadie de los que le conocen da crédito ya que su conducta siempre ha sido impecable. Todos le preguntan pero su hermetismo al respecto ha sido absoluto hasta que Ana, la psicopedagoga del centro en el que estudia, ha logrado sonsacarle esto: si siendo buena persona todo a su alrededor anda mal, cree que actuando a lo loco y sin escrúpulos, igual ruedan mejor las cosas. Su mentalidad de niño no alcanza a verlo de otra forma.

Con buen criterio, la terapeuta dice que necesita descargar las "piedras" de la pesada mochila que carga en sus espaldas y que está arrojando sin más y por doquier, y a su vez precisa llenarla de mimos, risas, amigos, juegos y, por supuesto cariño por parte de los que le quieren pero que, inmersos en sus problemas diarios, prescinden de hacérselo saber.

Y es que mostrar amor a un niño debiera ser tan importante como saciar el hambre o las ganas de dormir.



lunes, 19 de febrero de 2018

"El bosque animado"


Esta es la 14ª entrega de la Sección Alalimón.

Aquí os dejo el enlace a la reseña de Kirke, pues la película es una adaptación de la novela homónima del escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez.


La película obtuvo en la II edición de los Premios Goya los siguientes premios:
-Mejor película
-Mejor actor protagonista: Alfredo Landa
-Mejor guión: Rafael Azcona
-Mejor música original: José Nieto

-Mejor diseño de vestuario: Javier Artiñano
El director, José Luís Cuerda, la estrenó en 1987 utilizando como eje central un bosque, la “fraga” de San Salvador de Cecebre, localidad situada a unos 15 kilómetros de La Coruña.

Nos encontramos ante lo que se denomina un "realismo mágico", ambientado en la Galicia rural de finales del siglo XIX y en el que, usando el género llamado coral (-no hay un protagonista principal, aunque sí varios destacados-), las vidas de los diversos personajes se van entrecruzando en el susodicho bosque. 

Es por ello que esta vez no voy a contar nada del argumento pues, al tratarse de historias separadas, correría el peligro de que perdiera encanto la película cuando la vieráis.

No obstante, daré una pincelada de los protagonistas y, a través de ella, que juegue vuestra imaginación:

Figuran en el reparto, entre otros:
Sr. D'Abondo
-Fernando Rey, que interpreta al personaje Sr. D’Abondo y Paca Gabaldón a su mujer, la Sra. de D'Abondo. Ambos son los ricachones señores del pazo.


Pilara y Hermelinda
-Encarna Paso, que interpreta a Juanita, una mujer soltera y de mal carácter, a la que solo le interesa el dinero y que explota en los quehaceres domésticos a su sobrina, Hermelinda, papel que encarna Alejandra Grepiy después a la niña Pilara, a la que tiene dentro de un puño y con la que muestra toda su hipocresía en un momento dado y que no voy a desvelar.
Pilara y el bandido
Amelia y Gloria
-Alicia Hermida y Amparo Baró, que interpretan a Amelia y Gloria, las parientes de clase alta que vienen de Madrid para tomar los aires gallegos (y a las que cualquiera les habla de meigas o de la Santa Compaña porque se ponen de los nervios).
La Moucha

-Maria Isbert, que encarna a La Moucha, que es una sanadora que está postrada en la cama, desde donde ofrece consejos.

-Tito Valverde, que interpreta al pocero Geraldo. Está cojo y lleva una pierna de hierro que engrasa con aceite para que no chirrie cuando cree que puede ver a Hermelinda, de quien está enamorado.

Fendetestas y Geraldo, el pocero 
-Miguel Rellán, que interpreta a Fiz de Cotovelo, muerto que no puede descansar en paz por no cumplir su promesa de ir a San Andrés de Teixido y que anda como alma en pena como si fuera componente de la Santa Compaña.

-Y
 Alfredo Landa que, en el papel del bandido del bosque con el sobrenombre de Fendetestas, se esconde de la justicia y asalta a todo aquel que pasa por él, aunque en el fondo su corazón sea noble e inspire simpatía.
Fendetestas, el bandido

Hay diálogos y frases que no tienen desperdicio:

-"¿Qué quieres de mí, unas misas?" (bandido)
-"Lo has dicho como si las llevaras en el bolsillo" (el "alma en pena")

-"No eres un bandido pues los bandidos saben cómo entrar en las casas ajenas" (Pilara).

-"Yo era...como si dijéramos...novio de Hermelina" (Geraldo a Pilara).

-"Todos los bosques tienen derecho a tener su aparecido" (el "alma en pena").
 
-"Ya que te vas a morir, ¿por qué no me dejas de bruja de la aldea" (madre de Pilara a La Moucha).

Y escenas tiernas (como la de Pilara bailando con una almohada en su habitación) o en las que un@ se ríe con ganas (como la que provoca que las hermanas ricas madrileñas pongan pies en polvorosa "porque la Santa Compaña gemía"). Hay que ver la película para saber el porqué de las mismas.

Y con la frase que figura abajo acaba este film que, sin ningún género de dudas, recomiendo por lo bien hiladas que están todas las tramas, por la extraordinaria mezcla en ellas tanto de crítica y desigualdad social como de sutil ironía y, cómo no, por la magnífica interpretación de todos los personajes y, en especial, de Alfredo Landa:


lunes, 12 de febrero de 2018

Llamadas perdidas



Sara lo odiaba a muerte. Nunca se llevaron bien y ahora sabía el daño que él estaba haciendo a su amiga Carmen con las dichosas llamadas perdidas que a cualquier hora del día, noche o madrugada le realizaba. Sonaban dos o tres pitidos y, de nuevo, el teléfono recobraba su silencio.

Después de un año de noviazgo, fue Carmen quien quiso darse un tiempo y a él le estaba costando asimilarlo aunque, la verdad sea dicha, ella tampoco lo llevaba demasiado bien.

La muy astuta de Sara, un día que Carmen le pidió el teléfono para llamarle desde un número desconocido y así poder escuchar su voz, lo guardó en su agenda hasta que, viendo a su amiga cada día más triste, una tarde estalló y le envió un mensaje de texto a él diciéndole: "O dejas de hacer llamadas a Carmen o vas a saber quién soy yo".
Total, como él no conocía su número, qué más daba, nunca lo iba a descubrir.

Días más tarde, Sara confesó a Carmen lo que había hecho (totalmente satisfecha con lo que consideraba una proeza) e instintivamente recibió de ella una bofetada.

En aquel mensaje de texto que Sara envió se le había escurrido como agua entre los dedos lo único que tenía de él, unas señales en su teléfono que indicaban que aún la recordaba a todas horas.



232 palabras

*Presentado a concurso en la Comunidad Relatos Compulsivos, teniendo que usar las palabras:astuto, estallar y bofetada.
Máximo 350 palabras (-de nuevo me quedo la 6ª-).